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domingo, 15 de agosto de 2010

Noches en vela

Hoy conté muchas de las cosas que no pude -o no quise- contarle a nadie hace unos años. Era tan necesario para mi. Sentí nostalgia de recordar tantos episodios que ya ni vale la pena traer a la memoria. Me dí cuenta de que siguen siendo algo importante, aunque ya no haya cariño, afecto o amor de por medio. Cuando llegué a la casa después de cuatro horas de hablar y hablar...siendo noche de sábado, me puse a leer cosas que hace mucho no leía. Letras que ya no debería guardar.

De repente sentí mucho gusto por pensar que esas letras ya no me duelen tanto, gracias a las letras que ahora tengo y que a veces me hacen soñar... Y me puse a esperar, largo rato. Esperar como siempre hago. Como he hecho toda mi vida. Esperar a que alguien tenga ganas de hablar conmigo. Estar aquí, para cuando él quiera. Y después de pensarlo un poco, me doy cuenta, que las cosas no han cambiado en nada. Todo sigue igual que antes y que siempre.

Estoy muy cansada. Me cansé de esperar por alguien que siempre me ha querido a medias. Harta de dar todo, por alguien que nunca está seguro de lo que siente y que siempre me pone a mi, por debajo de lo que sienten o quieren otras personas. Cansada de repetir esquemas y de encontrar personas que "me quieren mucho, pero no lo suficiente" y que para colmo, cuando se dan cuenta de esa escasez de cariño, proponen vivir una maravillosa amistad con una persona tan "linda" como soy yo.

Cómo quisiera disfrutar de una caminata, sin pensar en nada, ni en nadie que no sea yo. Emprender algún proyecto o sueño que sólo fuera mio y que me implicara sólo a mi. Dar todo por ese sueño. No dejarlo hasta verlo convertido en una realidad. Esta noche no puedo dormir, como muchas otras. Me siento abandonada, pero sobretodo muy cansada de que todo sea igual. Tengo una fuerte necesidad de hacer un cambio radical en mi vida, algo que aunque me duela, sea definitivo y no tenga retorno. Me duele no poder plantearme un solo sueño en el que no intervengan otras personas. A estas horas de la madrugada veo conectados a varios contactos del messenger y me pregunto qué puede ocurrir en sus vidas para estar despiertos a esta hora. Creo que cuando uno permanece en vela tanto tiempo, pierde la capacidad para dormir...y también para soñar...aún cuando se está despierto.

lunes, 3 de mayo de 2010

Ubiquitous Mr. 66

Quizá estoy experimentando otra de las tristezas más confusas que he tenido en mi vida. Hace algún tiempo conocí a una persona muy inteligente que me brindó su amistad a través de un teclado y un monitor. Conversamos mucho porque tenemos el insomnio como algo en común, ya luego descubrí que algunas otras cosas, aunque nunca el pesimismo.

Hablamos sobre las almas gemelas, me ha hecho cuestionarme acerca de muchas cosas que ignoraba, me ha pasado algunos libros, pero lo que más le admiro es el enorme amor que siente por la escritura. Visito frecuentemente su blog porque me gusta cómo se expresa, tantas cosas que cuenta y cómo muestra su corazón tan sensible a través de las letras. Relata aspectos de su vida personal, de sus hijos, su esposa.

Hace días me contaron que él murió. Y yo lamento mucho su pérdida. La siento casi como la de un amigo cuya mano hubiera estrechado. El me apoyó en momentos muy malos, tenía ese don maravilloso de saber escuchar.

Me dijeron que murió durmiendo. Recuerdo que alguna vez hablamos de eso y de algunas noches en las que me mantengo despierta, porque me entra esa paranoia de no saber si esta noche es la última. Sigo ignorando cómo es posible crear lazos emocionales a través de unas letras con alguien a quien no conoces y a quien nunca verás.

Penetré un poquito en su vida y conocí al buen padre; al hombre amante del cine y de la música; afin también a la lectura; al que ayudaba a escribir cuentos a su hija Natalia; que sufría ardores en su pierna semejantes a la quemadura de una plancha; al buen guía de turistas en Guadalajara; al que llora en las bodas; al que planeaba un recital familiar en junio próximo; al capaz de hacer grato un inventario descriptivo de sus vecinos; pero sobretodo su gran afecto por la escritura y la noche. Y podría seguir...

Lamento mucho su muerte, pero me consuela pensar que pocas personas disfrutaron tanto de la vida como él. Sé que ahora está listo para emprender una nueva aventura. No me queda más que orar por él y agradecer a la vida por permitirnos coincidir en el espacio y el tiempo. Me tomé la libertad de transcribir un texto de él, uno de tantos que disfruté leer:



Hay quienes solo duermen y ya. Cierran los ojos de noche, los abren a otro día y ese tiempo es un vacío.

A mi me ocurren muchas cosas en una sola noche, por mencionar algunas además de los omnipresentes sueños, hay también: sofocadas y suspiros, tamborileos y silencios, rigores y relajamientos, meditaciones y reflexiones, sentidos agudizados y privaciones, sopores y lucideces, sonambulismos, hambres y sedes, ardores y comezonces, lisuras y rasposidades, aromas y sabores, sensaciones ajenas y propias, recuerdos y melancolías, ansias locas y autocontrol presencias y sombras, ausencias y familiaridades, música, calentaduras y enfriamientos, impulsos de leer y ganas de nada, temores y seguridades, dudas y convicciones, ruegos y agradecimientos, imaginación y planes, si hubiera’s y si no hubiera’s, Esperanza… y Fe.

No puedo decir que descanse… pero si que para todo lo anterior… las noches son muy cortas.

Daniel, para ti la belleza de tus noches ya es eterna.

sábado, 14 de febrero de 2009

Catorce de febrero, en paz descanse.

Me gustan los días feriados, los encuentro tan convenientes. Se ven bonitos en el calendario, marcados con colores distintos para no pasar desapercibidos. Son como la lotería del tiempo del mexicano: Enero, ¡Día de Reyes! Febrero: ¡Día del amor! Qué bonitas son todas “nuestras” costumbres tan variadas, por cierto entre más importadas, parecen tener más arraigo cultural.

Hoy es quince de febrero. Ya no es día del amor y amistad, así que ya pueden ignorarse de nuevo. ¿Cómo están? Enamorados, Nostálgicos, indiferentes, alegres, deprimidos, cansados…en banca rota. Si están leyendo esto es porque lograron sobrevivir al catorce de febrero en su versión dos mil nueve, lo cual por si mismo ya es digno de felicitación.

Para desgracia de los empresarios hoteleros, floristas, dueños de fábricas chocolateras, joyeros, fabricantes de muñecos de peluche y creadores de tarjetas, el catorce de febrero ha muerto. En paz descanse.

Este es el momento en que podría insultar enérgicamente el fenómeno mercantilista promovido por esta fecha. Debo confesar, que resulta una evasiva bastante conveniente, inclusive algunos creen que aporta un aire intelectual adoptar esa filosofía. Una filosofía muy económica.

Apuesto que muchos la usamos para evitar saquear nuestros bolsillos, en un día que resulta ser de desfalco monetario casi obligatorio. Recuerden aquella frase: "Regale afecto, no lo compre..." Por eso este año no gasté un solo peso. Ni un chocolatito, ni una paletita de corazón, de esas que te dicen el futuro, según. Ni una postal.

Para evitar la melancolía de un post de catorce de febrero pensaba describir la escena de un Vicente Guerrero revolcándose en su tumba, colmado de ingratitud porque a nadie le importa que sea su aniversario luctuoso, siendo él uno de los “consumadores” de la independencia de México, pero qué más da.

Finalmente ya no es catorce de febrero.





martes, 13 de enero de 2009

Pita descubre una palabra nueva

Hay días como hoy, en que tengo mucho trabajo y aqui sigo, desvelada.

Hace como diez minutos después de publicar sobre Wall E, me di una vueltita por el blog de Graciela que escribió sobre los diccionarios. Le comenté y no pude evitar recordar una lección de mi libro de Español de tercer grado de primaria. "Pita descubre una palabra nueva"

¿Alguno se acuerda de esa lección? ¡Ah, yo si! Y miren, aquí la tengo para los que quieran saber de lo que hablo.

Pita descubre una palabra nueva.

Una mañana Tomás y Anita entraron en la cocina de Pita y le dieron los buenos días, pero Pita no contestó. Sonreía apenas con expresión soñadora..
-Perdonen que no conteste a su saludo; estoy pensando en lo que acabo de descubrir- dijo Pita.
-¿Qué has descubierto?
-¡Una palabra nueva! ¡Una estupenda palabra!
-¿Qué clase de palabra?- indago Tomás con cierta desconfianza.
- Una maravillosa palabra. Una de las mejores que he oído en mi vida.
-Anda, dínosla, Pita- dijeron los niños.
Palitroche!- dijo Pita triunfante.
-¿Palitroche? ¿Y qué quiere decir?
-¡Ojalá lo supiera!
-Si no sabes lo que significa, no sirve para nada- dijo Anita.


-Es lo que me preocupa- contestó Pita mordisqueándose el pulgar de la mano derecha.
-¿Quién dice lo que significan las palabras?- preguntó Tomás.
-Yo creo que se reunieron algunos maestros viejitos- dijo Pita-. Inventaron algunas palabras y luego dijeron: “esta palabra quier decir esto…”, pero a nadie se le ocurrio una palabra tan bonita como palitroche. ¡Qué suerte que haya dado yo con ella! ¡Y les apuesto lo que quieran que descubriré lo que significa! Quizá se le pueda llamar así al ruido que hacemos cuando andamos en el lodo. A ver cómo suena: “Cuando Anita anda en el lodo puede oírse una maravilloso palitroche…” No, no suena bien. Eso no es. Quizá es algo que puede comprarse en las tiendas. ¡Vamos a averiguarlo!

-¡A ver si podemos! Añadió Tomás.
Pita fue a buscar su monedero y lo llenó de monedas.
-“Palitroche” suena como una cosa bastante cara. Seguramente me alcanzará con esto.

Ya puestos de acuerdo, los tres salieron muy preocupados de la casa.

Llegaron a una pastelería.
-Quisiera comprar algunos palitroches- dijo muy seria Pita.
-¿Palitroches?- preguntó la señorita que despachaba-. Creo que no tenemos.

Entraron a una ferretería.
-Quiero comprar un palitroche- dijo Pita.
-¿Palitroche? Vamos a ver, vamos a ver si encuentro alguno- dijo el dependiente y sacó de un cajón un cepillo que entregó a Pita.
-¡Esto es un cepillo!- exclamó Pita muy enojada- , yo quiero un Palitroche. ¡No intente engañar a una inocente niña!

-Pues no tenemos lo que necesitas, niña, lo siento mucho.
-Lo siento… lo siento…- salió murmurando Pita, verdaderamente contrariada.
-¡Ya sé! Lo más probable es que se trate de una enfermedad.
Vamos con el médico.
-Quiero ver al doctor. Es un caso grave- dijo Pita.
Como se trataba de un caso grave, la enfermera los hizo pasar inmediatamente.
-¿Qué te pasa?- le preguntó el médico.
-Estoy muy asustada, doctor. Creo que estoy enferma de un grave palitroche. ¿Es contagioso?
-Tú tienes más salud que todos nosotros juntos- le dijo el médico-.
No te preocupes.
-Pero existe una enfermedad con ese nombre, ¿verdad?- preguntó ansiosamente Pita.

-No, pero aunque existiera tú no la atraparías jamás.
Pita, Tomás y Anita salieron de ahí bastante desconsolados. Iban con la cabeza baja, pensando que nunca encontrarían un palitroche.

De pronto, Pita gritó:
-¡Ten cuidado, Tomás, no pises ese animalito!
Los tres miraron hacia el suelo. El animalito era pequeño, con un par de alas verdes que brillaban como si fueran de metal.
-No es chapulín, ni grillo- dijo Tomás.

La cara de Pita se iluminó:
¡Ya sé! ¡Es un palitroche!- gritó triunfante.
-¿Estás segura?- preguntó Tomás.
-¿Crees que no voy a conocer a un palitroche cuando lo veo? Como tú no has visto ninguno en tu vida, no sabes reconocerlos. ¡Mi querido palitroche! Ya sabía yo que al fin iba a encontrarte. Hemos recorrido toda la ciudad buscándote, y estabas casi casi debajo del zapato de Tomás. Ven, te llevaré a casa y viviremos felices.

Astrid Lindgren.

Genial, ahora sí me puedo dormir tranquila.

p.d. ¿Maraya y ese post que nos debes?

martes, 23 de diciembre de 2008

Caja de regalos


Debido a la reflexión de Shacelli en torno a los regalos, recordé acerca de la emoción que conlleva preparar un obsequio. Les compartiré una experiencia.

Fue hace cinco años. Recibí una carta muy emotiva, con varios detalles, lo cual me impulsó a corresponder la dádiva. Se trataba de un amigo, confidente por el cual yo sentía algo más que simple afecto. Mi amigo vivía en otra ciudad y yo aproveché la venida de un compañero suyo para enviarle un presente.

No tenía idea de lo que quería regalarle. Sin embargo, conseguí una vela aromática, una bolsa de nueces, un chocolate, algo de café, una taza, un discman, muchas fotos, muchos detalles pequeños, hojas y papel. Todo lo guardé en una caja, pero de manera particular.

Al final el regalo quedó así: La caja contenía un pequeño recado con varias indicaciones: Abrirse un sábado de julio a las nueve de la noche, junto a una ventana o en la azotea de una casa; tener disponible agua o leche caliente.

Al abrir la caja venía el discman, con un letrero que indicaba reproducir el disco en su interior. Ahí venía una grabación mía, describiendo los momentos en que debía sacar el resto del contenido de la caja. No nos conocíamos personalmente y por eso todo estaba cargado de bastantes emociones, fotografías, objetos que quise regalarle con valor personal, las canciones que me gustaban y quise compartirle y en los intermedios tenía que sacar una y otra cosa, las nueces, el café…en algún momento observar las estrellas y la luna, aspectos que habíamos dilucidado durante nuestras conversaciones y no podíamos efectuar debido a la distancia.

Fue un lindo regalo. Sólo hubo un detalle. Su compañero olvidó llevarse la caja.