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viernes, 10 de diciembre de 2010

Zona de guerra

EN VISTA DE LAS CIRCUNSTANCIAS QUE VIVIMOS AHORA
TUVIMOS QUE DORMIR EN LA COCINA, POR SER EL LUGAR QUE
CONSIDERAMOS MÁS SEGURO DENTRO DE LA CASA.


ASÍ ENCONTRÉ AYER EL BANCO CUANDO FUI A
CAMBIAR MI CHEQUE, FUE UNA BUENA DECISIÓN
PORQUE DIJERON NO ABRIRÁN LOS BANCOS HASTA
NUEVO AVISO.


ASÍ ESTABAN LAS CALLES AYER POR LA MAÑANA.
ALGUNAS PERSONAS AÚN SE NEGABAN A REFUGIARSE,
ALGUNAS DE ELLAS LAS TOMÓ POR SORPRESA LA BALACERA
QUE DURÓ MAS O MENOS TRES HORAS. EN EL CENTRO SE
FUE LA LUZ.




jueves, 5 de agosto de 2010

Crónica de una noche con cólico menstrual

1.40 a.m.
Después de insistirte que te vayas, en cuanto veo el "No conectado" siento poquito raro.

1.45 a.m.
Recapacito no tienes la culpa de mi mal humor, te mando un mensaje. Ofreciendo una disculpa.

1.50 a.m.
Me respondes el mensaje.

1.51 a.m.
Te contesto...

1.55 a.m.
Pienso que tal vez ya estabas dormido cuando te llegó el mensaje.

2:00 a.m.
Me pregunto en qué estaba pensando cuando te dije que te fueras, si era obvio que yo quería seguir conversando.

2:05 a.m.
Me pregunto por qué te fuiste si tampoco tenías ganas de irte....o ¿si tenías ganas ya de irte?

2:10 a.m.
Me pregunto por qué ya tenías ganas de irte.

2.18 a.m.
Llego a la conclusión de que no tenías ganas de irte, que te fuiste porque te pedí que te fueras. Pero realmente querías quedarte, tal y como lo dijiste.

2.20 a.m.
Imagino que regresarás en cualquier instante y que terminaremos platicando hasta las tantas de la madrugada felizmente y sin interrupciones. Después dormiremos plácidamente.

2.30 a.m.
No, no regresarás. Y ya no te mandaré más mensajes.

2.35 a.m.
Ni mañana te mandaré mensajes. Ni pasado mañana. No te mandaré mensajes hasta que TÚ seas quien me mande el mensaje.

2.45 a.m.
Extraño mucho estar platicando contigo. No me puedo dormir.
¿Estarás dormido? Ay para qué te dije que no quería platicar.

2.50 a.m.
¡En serio, no me puedo dormir! Escribiré o haré algo.

3:00 a.m.
Tengo ganas de llorar.

domingo, 9 de mayo de 2010

Manaña voy a decirte que te amo

En ocasiones, cuando ya todos se han ido a dormir, la sala se encuentra solitaria, el susurro del viento me besa la cara, mi mente viaja, vuela por los aires y atraviesa las barreras del tiempo y de las distancias.

La música o mis letras de antaño determinan mi estado de ánimo para cada velada. Algunas veces lloro mucho. Otras rio mucho. Unas más suelo tener largas sesiones de escritura diuturna divagada. Pero hay noches especiales, dentro del catálogo de mis itinerarios nocturnos.

Noches huecas, noches tan complejas...no hay letras. No hay lágrimas. No hay hilos mágicos para tejer ilusiones pasajeras. Ni siquiera hay pronóstico de tormentas emocionales. Hay una quietud , que en momentos se asemeja a un breve periodo de sordera. Es una sordera que aturde, que despierta mi somnolienta conciencia.

Precisamente en esos momentos soy capaz de comprender exactamente todo lo que tengo que hacer en mi vida. Un murmullo casi esquizofrénico me permite verlo todo con una claridad extraordinaria. No hay más recuerdos dolorosos, no hay más desazón.

Durante ese periodo de breve claridad, la muerte llega sigilosa y me acaricia la espalda. Me habla quedito al oído y me recuerda a aquélla persona que ha estado tan sola y a quien no he visitado, a quienes he ignorado, a quienes han deseado escuchar una palabra de mi boca. Hace un inventario severo de mis fallas, me tortura repasando cada detalle equivocado. Esas noches tengo mucho miedo.

Una vez que me ha hecho llorar, la muerte se retira con el viento. Y yo me quedo con la sensación de que no te veré más mañana. Que tus ojitos no volverán a abrirse porque la muerte ha venido por tí, te llevará de mi lado sin que nada pueda hacer. Y me duele tanto recordar las palabras que te dije en la tarde. Tu ausencia aún ficticia desarma mi alma, me hace un ser hueco sin esperanzas ni alientos de existir. Quisiera en ese momento acercarme a tu lado, besarte y abrazarte el resto de la noche, velar tu sueño para que cuando la muerte llegue, me lleve también a mi. Para estar siempre contigo.

Y cuando esas noches tocan mi conciencia, la sacuden de tal manera que no puedo dormir y mi único deseo es agradecer a Dios que me haya permitido ser tu hija, tener un día más para hacer la diferencia. Una sola oportunidad más.

Espero la luz del sol para hacer todo lo que añoro hacer a tu lado...hasta que el sueño me vence.
A la mañana siguiente puedo escuchar el canto de los pájaros en mi ventana, sufro un ataque de amnesia profunda y todo fluye, como un asqueroso día normal.

lunes, 22 de marzo de 2010

Ella

Todos tenemos una misión qué cumplir. En la soledad de mis madrugadas puedo percibir con claridad que estar con ella forma parte de mi propia misión. En ocasiones cuando el tiempo se agota tan vertiginoso y mi agenda se llena de ocupaciones aún fuera del estricto horario de trabajo, al finalizar mis días con frecuencia viene a mí esa idea: ella, no la he ido a visitar; no tengo idea de cómo está. Esta tarde me avisaron que está enferma y llamaba a mi madre.

Tuve temor. Mucho. Dejé mis ocupaciones, fui a su encuentro y la vi notablemente envejecida, pálida y mucho más delgada. Su voz es distinta, algunas de sus frases no se comprenden con claridad. Su semblante es tan triste. Ella no es la misma persona. El tiempo que algunas veces es sabio y un bálsamo que alivia casi cualquier estrago de las emociones, la ella le ha pasado la factura. La llevamos al médico.

-Doctor, tenía una perrita y un carro me la mató- le dijo al galeno.

El la miraba con una sonrisa compasiva y de vez en cuando soltaba una frase jacarandosa que la hacía reír. Yo no pude evitar pensar cuán significativa era para ella esa salida de su mundo cotidiano. No pude evitar pensar, qué difícil será para ella soportar la reciente partida de su amor, un locutor de la radio local que murió hace unos días. No pude evitar pensar, que este año ha sido de pérdidas para ella.

Al llegar a casa, se recostó en un sillón. Nos sentamos a su lado y la miramos dormir en breves instantes, la dejamos un poco mejor de como estaba. Aunque sola, como siempre está. Sin tener a nadie a con quién hablar, ninguna persona que se preocupe por si pasa frío, por si tiene hambre, por si toma sus medicinas. Sin nadie que se ocupe de lo más importante: quererla.

Me rompe el corazón saber que debería hacer algo por ella y no puedo hacerlo. En ratos me da coraje pensar que ningún trabajo y ningún compromiso tiene el suficiente valor para arrebatarnos la capacidad de amar y brindar nuestro cariño a las personas que queremos y sin embargo, casi siempre le ponemos precio a nuestro tiempo.

Esta noche sobrevivo a este episodio de mi insomnio, necesitaba contarlo.